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Felix Yañez
Nació en Quintanilla del Agua (Burgos) en 1960. Fue discípulo del artesano Fidel Izquierdo y del escultor Ismael Ortega. A los dieciocho años comenzó a vivir las que han sido sus grandes pasiones: el barro, el deporte y el amor por el mundo rural, por su pueblo.
Enfangado definitivamente en la arcilla, se ha convertido en maestro indiscutible del difícil arte de la escultura de terracota.
Modela imágenes humanizadas, repletas de evocaciones y llenas de encanto. Crea figuras bellas, inmutables, que representan la quietud y el sosiego de los recuerdos.
Figuras que surgen de la Comunidad de Castilla y León, que sabe del sonoro silencio de sus atrios, de los frailes, de los peregrinos, de los campesinos, de los pastores, de las gestas que glosan los juglares, de la inocencia de los niños, de la vida...
Félix Yáñez extrae la materia figurativa de la vida cotidiana de su pueblo, de las esperanzas y desventuras de las gentes. Crea rostros de exquisita finura, a la vez llenos de dulzura y de aguda penetración psicológica.
Sus obra transmite las costumbres del pueblo y se recrea en ambientes que se intuyen, en diálogos que se imaginan, donde la vida cotidiana adquiere matices hondamente emotivos y humanos.
Parte de su obra escultórica está relacionada con la corriente artística denominada arte povera, que en italiano significa “arte pobre“. Es un término acuñado por los materiales utilizados, desechos (hierros, clavos, telas) o materiales sustraídos directamente de la naturaleza como hojas, madera o piedras. Se trata de un arte objetual que aparece como consecuencia directa del arte minimal. Están estrechamente ligados pero hay una diferencia de conceptos, ya que el minimal posee una geometría muy estricta y el arte povera rechaza esa frialdad profundizando en la energía que desprenden
los materiales.Es un arte intimista y personal.
Sirviéndose de ellos y de su desbordante imaginación los convierte en obras de arte. En un mundo en el que cada vez más se recurre al “usar y tirar”, Félix Yáñez recoge lo que otros desdeñan y nos descubre que es posible encontrar belleza en los lugares más insospechados.
En los últimos cuatro años Félix Yáñez anda inmerso en la construcción de un pueblo burgalés, a escala real, de la ribera del Arlanza; utiliza los materiales reciclados que encuentra en las escombreras de sus vecinos. Es el p

